Sólo estarás vivo y empezarás a entrar en la luz cuando encuentres tu centro, porque ahí sí está la luz

El segundo día epagómeno está dedicado a Horus.
Horus tiene distintas representaciones. Se le representa como un ave rapaz, como un halcón, por lo que también nos vale el ÁGUILA.
También se le representa como una cobra, por lo que puede valer la SERPIENTE.
A Horus se le representa como el disco solar, por lo que puede valer el SOL.
Y también se le representa como un león. Podemos entender el león y el fuego como el corazón, y en la medicina taoísta, el fuego es el corazón. Por eso nos puede valer el PERRO como expresión del amor incondicional, encontrando que hablar del corazón es hablar del amor.

De esta manera, Horus y la familia Polar establecen múltiples sincronías.

Horus es el nombre helenizado de Hor, que es su auténtico nombre en el idioma de los egipcios constructores de las pirámides.
Da la impresión de ser un nombre de un idioma antiguo, porque todos esos idiomas y civilizaciones han sido sepultados, cubiertos, soterrados bajo otro idioma que es el actual.
Sin embargo hay un idioma mundial, por lo menos actualmente mundial, donde encontramos que la H es el Alef y no se pronuncia, la O es la Vav con pronunciación “O” o “U”, y la R es la Reish con pronunciación “R”. Así, la pronunciación de esta palabra en esta lengua mundial, es OR, y su significado es LUZ.

Esta luz, es decir este OR, es real en todos los sentidos posibles de la palabra, solo que quizá no es totalmente evidente.
Todas esas luces Or casi imperceptibles son como las estrellas en la oscuridad-noche. A veces son poco visibles, pero hay una cosa cierta: están, y quizá solo las veas en el momento de máxima oscuridad, que incluso puede ser la máxima oscuridad de tu vida.
Están, pero quizá tú no, porque estás en los criterios de otro y no eres tú. Sólo estás en ti obligatoriamente en el momento de máxima oscuridad, porque la oscuridad te lleva a tu centro; en la oscuridad no puedes estar fuera, solo en tu centro.
Sólo estarás vivo y empezarás a entrar en la luz cuando encuentres tu centro, porque ahí sí está la luz, y entonces podrás referenciarte con otras luces, cercanas y lejanas, hasta encontrar la estrella y el cielo luminoso.

Or-luz-estrellas. Ese pueblo de las estrellas, del gracias, no es otro pueblo sino que eres tú cuando estás en el gracias, en el agua, en la emoción, en el cuerpo del amor, y entonces la emoción te lleva al cielo. No podrás comprar la entrada; no necesitas dinero; no tienes que robar.

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