La experiencia del perdón se instala en el mundo de las emociones, mientras que muchas veces no supone ningún cambio en la materia, en lo físico o en lo geográfico, sino solamente en el interior

Todos somos Bonnie and Clyde. Todos tenemos algo por lo que necesitamos, desde nuestro interior y desde nuestro corazón, pedir perdón, siendo esa necesidad y su realización algo que restablece la armonía. En sí es una experiencia del ser humano.
Quizá no sea una experiencia de seres puramente angélicos, incapaces de cometer error, daño, pecado, de escuchar a su ego o como quiera que lo llamemos, pero el ser humano sí tiene la experiencia del perdón en su interior como algo que le expande y le lleva a la plenitud del ser humano.

La experiencia del perdón se instala o toma fuerza en el mundo de las emociones, mientras que muchas veces no supone ningún cambio en la materia, en lo físico o en lo geográfico, sino solamente en el interior. El perdón pertenece al mundo de la emoción.

La expresión del arquetipo humano está contenida en lo que con una palabra griega se traduce como “los libros”, que en griego sería “Biblia” y que también se llama “La Ley”. También se utiliza un nombre que gusta a las personas que se mueven en algo que podemos llamar un ambiente docto, injusto o cruel como es el mundo taurino, y estamos hablando de la Torah -Gracias Torah, desde nuestro corazón, desde lo más sincero. Solo hemos encontrado algo maravilloso para adentrarnos en ese territorio-, que fonéticamente, por el oído, se relaciona con el mundo taurino, puesto que Tora y Torah utilizan lo mismo.
No lo hemos inventado nosotros. Si hubiésemos querido inventar algo así, seguramente hubiéramos hecho otra cosa. Cuando yo vine aquí, ya estaba.
En todo caso, en la exposición del arquetipo humano que contienen los libros sagrados, o sea la Torah, la Ley o la Biblia, antes de que aparezca el templo aparece el perdón.

La manifestación visible del templo está esperando que aparezca la manifestación o vibración emocional del arrepentimiento expresado por David. Gracias y perdón, y cada vez que decimos “perdón”, lo hacemos desde el corazón.

Hay muchas personas en este tiempo de hoy que consideran importante el oponopono, como una herramienta que les ayuda a ellos, les informa, pero también transforma a otras personas. Cuando a una persona con la que te llevas mal la pides perdón internamente, diciendo que la amas, a veces produce auténticos milagros.
El perdón forma parte de esta oración sagrada que es el oponopono y está expresando precisamente el camino de la construcción del templo, que es el camino de la estrella.
Primero pide perdón, como el rey David. Después, da las gracias, las gracias a Dios.

Sabemos lo que es dar las gracias en estos libros de la Torah, de la biblia, del arquetipo humano, porque es lo que hace Jacob cuando tiene al hijo que llama Judá: alabo a Dios, doy gracias a Dios. El yod de Yahvé o del “jah” (“ya”) de los rastafaris, y el “odá”, que está en la palabra que se usa para dar gracias, “todá”.
El perdón de David, las gracias intrínsecas de la alabanza a Dios, es decir a la profundidad de la vida, es lo que permite el templo en el “te amo”: perdón, gracias, te amo.

David, Jacob al recibir a su hijo Judá y el templo.
El templo es el nuevo nacimiento donde la persona se encarna en otra dimensión, que es la dimensión del amor. Por eso alguien dice “destruir ese templo y yo lo levantaré en 3 días”, que es la resurrección.

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